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EL CASERÍO EN ZALLA

publicado a la‎(s)‎ 26 abr. 2016 0:44 por Gazte Zentroa
Es el ejemplo constructivo que mejor representa la vivienda rural de nuestra localidad, que como en el resto de Euskadi, servía para constituir una unidad económica de producción y vida familiar, mediante la realización de labores agrícolas y ganaderas, permitiendo a sus moradores el abastecerse de productos de consumo básico prácticamente de todo de manera autosuficiente y autónoma, excepto lo relativo a la molienda de los cereales para elaborar el pan o el pienso de los animales.

En la "etxea" está comprendida la interesante vida cultural de sus habitantes y por extensión de los vascos de esta zona de Bizkaia: la pertenencia a este baserri vinculaba a todos sus miembros: los familiares actuales con los
antepasados, de ahí que no se pudiera dividir el caserío (ni sus pertenecidos) en testamento, a fin de que no desapareciera "de buenas a primeras…" como núcleo económico y social.

Existen diversas tipologías de caseríos en Euskal Herria, siendo peculiar la que se da en nuestra zona de las Encartaciones y que adquiere formas aún diferenciadas las que corresponden al concejo de Zalla.


Construidos con un curioso entramado vertical y horizontal de madera, paredes de ladrillo, piedra de mampuesto en paredes y de sillería o sillarejo en esquineros, ventanas y puertas, dispone de un tipo de tejado (*), a dos o cuatro aguas; distribución interior: planta baja con portal y cocina; en la mitad posterior la cuadra para el ganado (vacas, bueyes, gallinas, etc.); en la planta siguiente: sala comedor y dormitorios, y más arriba el camarote o ganbara, donde se guardaban las cosechas (alubias, manzanas, trigo, maíz, etc.), el heno y la paja.

Presentamos aquí la curiosa relación nominal y numérica de los caseríos existentes en los barrios de Zalla a mediados del siglo XX (según relación estadística del mes de noviembre de 1954): Abellaneda (2), Ahedo (3),
Angostura (3), Aranguren (4), Aretxaga (12), Arzabe (4), Arroyo (3), Baluga (1), La Barga (1), El Barranco (1), Basoaga (5), Basualdo (3), Bilbato (1), Bolunburu (5), El Campo (4), Codujo (3), Castillo La Piedra (3), Txabarri (3), La Dehesa (1), Gobeo (4), La Herrera (4), Ibarra (1), La Isekilla (2), Lasarte (2), La Lastra (4), Ligueti (1), El Longar (6), Lusa (2), La Llana (4), El Llano (3), Llantada (4), La Magdalena (4), Malabrigo (2), Maruri (1), La Mella (1), Mendieta (8), Muñeran (2), Nocedal (2), Otxaran de Abajo (8), Otxaran de Arriba (2), Ojivar (1), Oreña (4), Orive (1), Pajaza (2), La Presa (4), Rétola (5), Revilla (4), San Cristóbal (3), San Pantaleón (1), San Pedro (14), Santibañez (3), Sollano (14), Somokurzio (3), Somovalle (5), Sebastopol (3), Vecindad (1), Venta del Sol (4), Villanueva (1), Zaballaga (1) y Zokita (3).

A la vista de estos datos –ya entrado el siglo XXI– asistimos a grandes cambios y transformaciones de todo tipo, implicando también al mundo tradicional agrario del caserío.

Si comparamos, se observa que muchos de estos baserris han desaparecido del paisaje; sin embargo, también estamos asistiendo en los mismos bonitos barrios de nuestro municipio a su recuperación numérica y actualización formal –que no productiva por iniciativa de sus promotores, destacando que sigue auténtico el
modelo y espíritu de lo que significan sus señas de identidad. 


(*) La teja en la etnografía vasca era el símbolo de la casa como propiedad privada; diferenciada respecto a la propiedad comunal.
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