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EL CASTRO DE BOLUNBURU

publicado a la‎(s)‎ 5 abr. 2018 2:19 por Gazte Zentroa
La palabra castro procede del latín "castrum" cuyo significado es "fortificación militar". Los habitantes de estos asentamientos elegían su ubicación estratégica como medida de seguridad y control del territorio circundante. 

Este yacimiento arqueológico prerromano fue descubierto en 1998 por Koldo Díez de Mena (guarda forestal de la Diputación Foral de Bizkaia). Se empezó a excavar a partir del 2008, constatando su datación entre el s. IV a.C. y el s. I d.C. (Segunda Edad del Hierro).


El singular valor cultural e histórico de este enclave puede resultar muy atractivo si como los investigadores primeros accedemos por el "Camino del Kuku" al Cerro del Cerco, admirando también la panorámica de su excepcional ubicación natural y paisajística; la distancia es de escasos 2 km desde el parque de Bolunburu o desde el Área Recreativa de la Brena. Su emplazamiento se encuentra a 320 m en una pequeña elevación en uno de los cordales transversales de la Sierra de Celadilla; ocupa una superficie de unos 4.000 m2 y está considerado de tamaño pequeño respecto al conjunto de otros muchos existentes en la Península Ibérica. El recinto está delimitado en su parte sur por una reconstruida muralla o lienzo defensivo de unos 158 m de longitud, de piedra de mampostería en seco y foso exterior, cuya altura –hoy más rebajada se cree pudo alcanzar los 5 m; hacia el sureste se sitúa la única puerta de acceso; su zona norte está protegida por escarpe natural rocoso y desde aquí se domina visualmente un amplio tramo de la cuenca media del Cadagua. Por el oeste aparecen vestigios de habitación: en un área explanada del terreno se asienta propiamente el poblado como lo atestigua el hallazgo de huellas y restos de cabañas (algunas adosadas a la pared de la muralla), que constaban de hogar (del latín "focus", donde se encendía el fuego), cuyo suelo de tierra arcillosa pisada lo completaban losetas de  arenisca y empedrado. De planta irregular rectangular, cuenta con un zócalo perimetral y la existencia de agujeros que denotan la colocación de postes y calces de madera que servirían para soportar la cubierta vegetal de la vivienda.


La subsistencia de esta pequeña comunidad dependía de diversificar su actividad productiva practicando una economía pastoril-ganadera; agrícola (cultivo de cereales y leguminosas) y recolectora de frutos silvestres, destacando la alimentación con bellotas (cuyos restos carbonizados han sido hallados en los hogares-cocinas de ocupación).

Otros elementos localizados de su cultura material nos permite acercarnos al conocimiento y modo de vivir de esta comunidad local; así aparecieron: trozos de cerámica (ollas de pastas toscas con borde vuelto y fondo plano), escorias globulares de hierro producto de la forja, cuentas de pasta vítrea, lámina de bronce y especialmente un elevado número de fragmentos molinos de mano circular (formado por dos piezas: el durmiente o meta y la muela giratoria o catillus), que induce a considerar el lugar como un probable centro de producción y comercialización de estos artefactos de piedra y su intercambio con
otras comunidades similares dispersas por nuestro territorio.
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