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Saludadoras y Saludadores

publicado a la‎(s)‎ 23 abr. 2015 8:35 por Gazte Zentroa   [ actualizado el 30 abr. 2015 0:25 ]
Durante el siglo XVII y especialmente el XVIII se constata en Zalla la actividad de las saludadoras y los saludadores ("dadores de salud"). Se trataba de una época en que la idea de "enfermedad" era escasa como saber científico, prevaleciendo la mentalidad popular de que las dolencias que les aquejaban tenían un origen supranatural o misterioso (obras de malos espíritus o de
condiciones telúricas o siderales).

La incredulidad y la desesperación del pueblo ante lo que consideraban posesión maligna tiene un ejemplo muy destacado en el contagio de la rabia o hidrofobia en humanos y ganado. Las mordeduras y los arañazos de los perros rabiosos, pero también de lobos, zorros, murciélagos, comadrejas y otros animales salvajes, producían tal infección que no había curación posible,
ocasionando la muerte prácticamente en el cien por cien de los casos. La rabia presentaba unos cuadros muy dramáticos: babeo, agresividad, necesidad de morder, convulsiones, fiebre, agitación, hiperactividad, excitación, horror al agua, alucinaciones, etc. Enfrente, la impotencia por curarla de médicos, cirujanos, barberos, boticarios, veterinarios, curanderos y brujos, entre otros. Junto a todos ellos, destacaríamos a las saludadoras y los saludadores, que estaban considerados/as poseedores de una supuesta virtud para curarla, basada en la creencia popular de ser especiales por tener la marca en forma de cruz en su paladar, haber nacido la noche de Navidad, el día de Viernes Santo o hacer el número siete de los hijos (sin hermanas) o hijas (sin hermanos) del matrimonio.

Estos personajes, mediante el aliento y la saliva, bendiciones, oraciones, amuletos y soplidos, realizaban una serie de prácticas rituales o ceremonias no desprovistas de elementos cristianos, como santiguar personas y animales atacados. También pronunciaban ensalmos, fórmulas y palabras que sólo ellos sabían, causando el asombro de los asistentes al acto.

Conocemos varios casos documentados en los que el municipio de Zalla recurrió a los servicios de estos "dadores/as de salud", lo que hace pensar en la mentalidad que poseían los habitantes del concejo; aunque algunos/as les consideraban unos grandes embusteros.

En 1705 "Decretose que el Síndico procurador que haga traer a este concexo saludadora de Ureta por la epidemia de perros de rrabia (…) y se le pasase lo que con ella gastare".

En 1735, el Ayuntamiento le indica al síndico que pague a una saludadora su salario "con motivo de haver andado un perro de ravia por este concejo y haber mordido a otros perros y animales (…) y así por los días que había (…) dándole por su trabajo sesenta y cuatro reales (…)".

En 1742 el Ayuntamiento hizo venir a un saludador de la Villa de Bilbao "para saludar en el vecindario (…) animales y ganados que se presumían ymfexionados de la ravia".

En 1762 se le encarga al Síndico que "busque salutador en vista de existir ganado atacado de rabia".

Años después, vinieron cambios progresivos para superar esta terrible enfermedad, pasando de la superstición a la racionalidad. Durante los siglos XIX y XX se avanzó de manera determinante desde el punto de vista científico y con ello, el estudio de esta enfermedad infecciosa y los microorganismos que la producían, siendo en 1885 cuando se aplicó la primera vacuna contra la rabia, descubierta por el francés Louis Pasteur (18221895), cambiando para siempre la visión que sobre esta lacra se tenía en el mundo.
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